Crypto news

24.06.2026
20:42

15 meses tras las rejas: un estafador que se hacía pasar por criptoinfluencers recibe una condena real

Mientras unos construyen su reputación durante años, otros simplemente roban el nombre ajeno y lo usan para engañar. El neoyorquino Noman Salim ahora lo ha comprobado por amarga experiencia: un tribunal federal lo condenó a 15 meses de prisión por una serie de esquemas fraudulentos en los que se hacía pasar por conocidos influencers de criptomonedas.

Un esquema de doble fondo

La actividad delictiva de Salim se desarrollaba en Telegram desde diciembre de 2020 hasta marzo de 2021. Su modus operandi era ridículamente simple, pero efectivo: copiaba los apodos de populares criptoinfluencers y creaba chats VIP falsos de pago. El costo del "acceso a la élite" oscilaba entre $500 y $600 en criptomonedas. Las víctimas estaban convencidas de que se comunicaban directamente con los gurús del mercado y pagaban con gusto por ese privilegio.

Pero esto era solo el comienzo. Aprovechando la confianza de la audiencia, Salim lanzó un programa falso de staking con rendimiento fijo por un plazo de 30 a 90 días. Prometía pagos más altos por depósitos grandes, pero, como era de esperar, no había inversiones reales detrás. Todos los fondos que las víctimas enviaban a las carteras que él controlaba desaparecían sin dejar rastro junto con el estafador.

El precio de la confianza: $1,4 millones

Según la investigación, el daño total causado por las acciones de Salim superó los $1,4 millones en criptomonedas y dólares fiduciarios. Cabe destacar que el estafador ya ha devuelto una parte significativa de esa cantidad al estado en el marco de un acuerdo previo al juicio. La sentencia fue dictada por la jueza Deborah K. Chasanow, y el propio Salim se declaró culpable ya en septiembre de 2025. Además de la pena de prisión, se le impusieron tres años de libertad supervisada.

Comentario del experto: Este caso es un recordatorio más de que el anonimato en las criptomonedas es un arma de doble filo. Por un lado, protege la privacidad; por el otro, da a los estafadores una falsa sensación de impunidad. Sin embargo, como muestra la práctica, las autoridades policiales están aprendiendo cada vez más a vincular la actividad en cadena con personas reales. Los inversores deben recordar una regla simple: si en un chat privado le prometen un rendimiento garantizado en staking de parte de una "persona conocida", lo más probable es que sea una trampa.