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25.06.2026
11:15

Carrera cuántica: por qué EE.UU. necesita reglas claras para la inversión pública en tecnologías del futuro

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La computación cuántica representa un desafío único para la política industrial de Estados Unidos. A diferencia de sectores como los drones, las baterías o los metales de tierras raras, donde el Estado puede estimular el mercado a través de compras y regulación, el ámbito cuántico se encuentra en una etapa donde prácticamente no existen productos comerciales, la arquitectura dominante no está definida y las cadenas de producción apenas se están formando. Es precisamente por esto que la intervención temprana del gobierno puede estar justificada, antes de que se formen dependencias críticas.

La seguridad nacional en juego

La relación de las tecnologías cuánticas con la seguridad nacional es evidente: las computadoras cuánticas escalables son capaces de descifrar la criptografía de clave pública, y los desarrollos relacionados encuentran aplicación en sensores, navegación y comunicaciones. Es un caso raro en el que la inversión estatal directa puede ser no solo útil, sino necesaria. Sin embargo, dicho apoyo no debe convertirse en un modelo universal: requiere marcos y principios claros.

Programa del Departamento de Comercio: $2 mil millones para el futuro cuántico

El 21 de mayo, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció la firma de nueve cartas de intención por un total de $2,013 mil millones en el marco de la Ley CHIPS y Ciencia. Los fondos están destinados a la construcción de dos fábricas cuánticas y al apoyo de siete empresas. Los principales beneficiarios: IBM ($1 mil millones para la producción de obleas superconductoras), GlobalFoundries ($375 millones para una fábrica cuántica segura), así como Atom Computing, D-Wave, Infleqtion, PsiQuantum, Quantinuum, Rigetti y Diraq, cada una recibiendo entre $38 y $100 millones.

La condición del apoyo fue que el Estado obtuviera una participación minoritaria no controladora en cada empresa. Fue precisamente este punto el que provocó críticas por parte de Google, que se negó a participar en el programa por temor a que los requisitos ralentizaran el camino hacia la creación de una computadora cuántica útil.

Tres principios para la inversión estatal

En mi opinión, el enfoque propuesto —tres principios clave para las inversiones directas— es el más equilibrado. En primer lugar, intervenir solo donde exista una amenaza clara para la seguridad nacional o una vulnerabilidad económica que el mercado no pueda resolver por sí mismo. En segundo lugar, no invertir en áreas donde ya existan productos listos; en el caso de la computación cuántica, este principio aún no aplica, ya que las tecnologías necesarias aún no han alcanzado un nivel industrial. En tercer lugar, mantener distancia entre el Estado y las empresas: los contribuyentes deben beneficiarse del crecimiento de las compañías, pero la posesión directa de acciones crea riesgos políticos.

Como herramienta eficaz se propone el uso de warrants, lo que permitiría al Estado participar en el aumento del valor de las empresas sin un control total sobre ellas. Este mecanismo parece más flexible y menos gravoso para la innovación que la participación accionaria directa.

Opinión del experto: La carrera cuántica no es solo un desafío tecnológico, sino una cuestión estratégica. Estados Unidos hace bien en invertir en este sector, pero el factor clave del éxito no será el volumen de financiamiento, sino la capacidad del Estado para construir un sistema que estimule la innovación sin sofocarla con burocracia. Google ya ha demostrado que incluso los gigantes no están dispuestos a tolerar un control excesivo. El equilibrio entre apoyo y libertad es lo que determinará quién sale victorioso en esta carrera.