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25.06.2026
11:31

Inversiones de EE. UU. en tecnologías cuánticas: ¿reglas del juego o juego sin reglas?

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La computación cuántica no es solo una tendencia tecnológica más, sino un desafío existencial potencial para toda la infraestructura digital. Por eso, el debate sobre cómo el Estado debería invertir recursos en este sector va mucho más allá de la política industrial habitual. La cuestión no es si hay que invertir, sino cómo hacerlo para no crear nuevas dependencias ni sofocar la innovación de raíz.

A diferencia de los drones o las baterías, donde el mercado ya está formado, el ámbito cuántico se encuentra en un estado embrionario. Prácticamente no existen productos comerciales, la arquitectura dominante no está definida y las cadenas de producción apenas comienzan a consolidarse. Esto hace que la intervención temprana del Estado no solo esté justificada, sino que sea críticamente importante para la seguridad nacional. Después de todo, una computadora cuántica escalable podría descifrar la criptografía moderna de clave pública, poniendo en riesgo no solo los sistemas financieros, sino también los secretos de Estado.

Programa del Departamento de Comercio: $2 mil millones para el futuro cuántico

En mayo, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció la asignación de $2,013 mil millones en el marco de la Ley CHIPS and Science Act. Los fondos están destinados a la construcción de dos fábricas cuánticas y al apoyo de siete empresas. Los beneficiarios clave son: IBM ($1 mil millones para una filial de obleas superconductoras), GlobalFoundries ($375 millones para una fábrica segura), así como Atom Computing, D-Wave, Infleqtion, PsiQuantum, Quantinuum, Rigetti y Diraq, cada una recibiendo entre $38 millones y $100 millones.

La condición del apoyo es una participación minoritaria no controladora del Estado en cada empresa. Fue precisamente este punto el que provocó la negativa de Google a participar. En la corporación consideraron que tales requisitos podrían ralentizar el camino hacia la creación de una computadora cuántica útil. Y esto es lógico: la participación estatal a menudo conlleva burocracia y riesgos políticos que son incompatibles con la flexibilidad necesaria para la investigación innovadora.

Tres principios para las inversiones estatales

Para evitar errores, se propusieron tres principios claros para las inversiones directas. En primer lugar, intervenir solo donde exista una amenaza evidente para la seguridad nacional o una vulnerabilidad económica que el mercado no pueda resolver por sí solo. En segundo lugar, no invertir dinero donde se pueda comprar un producto ya terminado. En el sector cuántico, este enfoque aún no funciona, ya que los productos necesarios simplemente no existen. En tercer lugar, mantener la distancia entre el Estado y las empresas. Los contribuyentes deberían beneficiarse del crecimiento de las empresas apoyadas, pero la propiedad directa de acciones crea riesgos políticos.

Como herramienta eficaz se consideran los warrants: otorgan al Estado el derecho a participar en el aumento del valor de las empresas sin un control total. Esto permite estimular la innovación sin convertirla en un proyecto estatal.

Anteriormente, el presidente de EE. UU. firmó un decreto para la transición acelerada de los sistemas federales a la criptografía postcuántica. Este es un paso estratégico destinado a protegerse contra futuros ataques cuánticos. Sin embargo, como ya señalé, para Bitcoin el problema es más complejo: una red descentralizada no puede actualizarse mediante un decreto gubernamental.

Mi evaluación experta: EE. UU. apuesta por las tecnologías cuánticas, y esto es correcto. Pero el desafío clave es encontrar un equilibrio entre el control estatal y la libertad de mercado. Si las reglas del juego son demasiado rígidas, corremos el riesgo de no obtener un avance cuántico, sino un estancamiento cuántico.