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25.06.2026
12:02

Inversiones cuánticas en EE. UU.: los expertos exigen reglas de juego claras

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La computación cuántica es, quizás, el ejemplo más claro de por qué Estados Unidos necesita una política industrial dirigida. Sin embargo, las inyecciones masivas de fondos públicos en startups tecnológicas no pueden ocurrir en un vacío legal. Esta es la conclusión a la que llegan los principales analistas, señalando la necesidad de desarrollar reglas transparentes y predecibles para las inversiones en este sector.

Por qué los cuantos son un caso especial

A diferencia de los drones, las baterías o los metales de tierras raras, donde el gobierno puede simplemente comprar productos o imponer regulaciones, con la computación cuántica es más complicado. Aquí prácticamente no hay productos comercialmente maduros, la arquitectura dominante no está definida y las cadenas de producción apenas se están formando. Es precisamente en esta etapa temprana, cuando las dependencias aún no se han consolidado, donde la intervención estatal puede no solo estar justificada, sino ser críticamente necesaria.

La relación de las tecnologías cuánticas con la seguridad nacional es evidente: las computadoras cuánticas escalables, a largo plazo, podrían descifrar la criptografía moderna de clave pública. Además, los desarrollos relacionados encuentran aplicación en sensores, navegación, comunicaciones y cálculos científicos. Este es un caso raro en el que la inversión pública directa realmente tiene sentido, pero no debería convertirse en un modelo universal para toda la economía.

Programa del Departamento de Comercio: $2 mil millones para el futuro cuántico

En mayo, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció la firma de nueve cartas de intención por un total de $2,013 mil millones en el marco de la Ley CHIPS and Science Act. Los fondos se destinan a la construcción de dos fábricas cuánticas y al apoyo de siete empresas que desarrollan computación cuántica. Los principales beneficiarios son:

  • IBM — $1 mil millones para crear una filial dedicada a la fabricación de obleas superconductoras de clase cuántica.
  • GlobalFoundries — $375 millones para una fábrica cuántica segura.
  • Atom Computing, D-Wave, Infleqtion, PsiQuantum, Quantinuum — $100 millones cada una.
  • Rigetti — hasta $100 millones.
  • Diraq — hasta $38 millones.

La condición para recibir los fondos fue la participación minoritaria y no controladora del estado en el capital de cada empresa. Fue precisamente este punto el que provocó la negativa de Google a participar en el programa: en la corporación consideraron que tales requisitos podrían ralentizar el camino hacia la creación de una computadora cuántica útil.

Tres principios para las inversiones estatales

Los analistas proponen tres principios clave para la inversión pública directa en tecnologías:

  1. Intervenir solo cuando exista una amenaza clara para la seguridad nacional o una vulnerabilidad económica grave que el mercado no pueda resolver por sí mismo.
  2. No invertir dinero donde se pueda comprar un producto terminado. En el caso de la computación cuántica, este enfoque aún no funciona, ya que los productos necesarios aún no existen en forma industrial.
  3. Mantener distancia entre el estado y las empresas. Los contribuyentes deben beneficiarse del crecimiento de las empresas apoyadas, pero la propiedad directa de acciones crea riesgos políticos.

Como herramienta eficaz se proponen los warrants: estos otorgan al estado el derecho a participar en el aumento del valor de las empresas sin tener control total sobre ellas.

Mi opinión sobre la situación

La computación cuántica no es solo otra carrera tecnológica, sino un cambio fundamental en el paradigma de seguridad. Estados Unidos hace bien en invertir en este sector, pero el error de Google muestra lo delicada que es la línea entre estimular la innovación y crear barreras burocráticas. Si el gobierno quiere ser un inversor eficaz, debe aprender no solo a dar dinero, sino también a retirarse a tiempo. De lo contrario, corremos el riesgo de obtener no una supremacía cuántica, sino un estancamiento cuántico.