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25.06.2026
12:33

Inversiones cuánticas en EE. UU.: los expertos exigen reglas de juego claras, no subsidios ciegos

La computación cuántica se está convirtiendo en esa rara dirección tecnológica donde la financiación gubernamental directa puede estar justificada, pero solo bajo condiciones estrictas y transparentes. A esta conclusión llegan los principales analistas, destacando que la política actual de EE. UU. en este ámbito, a pesar de las ambiciosas inyecciones de capital, corre el riesgo de convertirse en un costoso experimento sin resultados garantizados.

A diferencia de industrias maduras —como la fabricación de baterías, drones o el procesamiento de metales de tierras raras—, el mercado de las tecnologías cuánticas se encuentra en una etapa incipiente. Prácticamente no existen productos comerciales, la arquitectura dominante no está definida y las cadenas de suministro no se han formado. En tal situación, una intervención temprana del Estado puede prevenir la formación de dependencias peligrosas, pero también puede distorsionar los incentivos del mercado.

El factor de la seguridad nacional añade una urgencia especial a esta cuestión. Las computadoras cuánticas escalables, en el futuro, podrían descifrar la criptografía moderna de clave pública, lo que amenazaría no solo los sistemas financieros, sino también las comunicaciones gubernamentales. Los desarrollos relacionados en sensores, navegación y comunicaciones solo aumentan la importancia estratégica del sector.

Programa del Departamento de Comercio: $2 mil millones para el salto cuántico

En mayo, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció oficialmente la firma de cartas de intención por un valor superior a los $2 mil millones en el marco de la Ley CHIPS and Science Act. Los fondos se distribuyen entre dos fábricas cuánticas y siete empresas desarrolladoras. Los principales beneficiarios: IBM ($1 mil millones para crear una filial para obleas superconductoras), GlobalFoundries ($375 millones para una fábrica cuántica segura), así como Atom Computing, D-Wave, Infleqtion, PsiQuantum, Quantinuum, Rigetti y Diraq (cada una recibirá entre $38 y $100 millones).

La condición clave es una participación minoritaria no controladora del Estado en cada empresa. Fue precisamente este punto el que provocó la negativa de Google a participar: en la corporación consideraron que los requisitos ralentizan el camino hacia la creación de una computadora cuántica útil.

Tres principios para las inversiones gubernamentales

Los analistas proponen tres reglas claras para este tipo de inversiones:

  • Intervenir solo ante una amenaza evidente a la seguridad nacional. El mercado debe resolver la mayoría de las tareas por sí mismo; el Estado interviene donde el capital privado es impotente o no está interesado.
  • No financiar lo que se puede comprar. En industrias maduras, las compras gubernamentales son más efectivas que los subsidios directos. Las tecnologías cuánticas son una excepción, ya que aún no existen productos industriales listos.
  • Mantener la distancia entre el poder y los negocios. La posesión directa de acciones crea riesgos políticos y conflictos de intereses. Un instrumento más efectivo son los warrants, que otorgan al Estado el derecho a participar en el crecimiento del valor sin control sobre las empresas.

Merece especial atención el reciente decreto del presidente de EE. UU. sobre la transición acelerada de los sistemas federales a la criptografía postcuántica. Es una continuación lógica de la estrategia: proteger la infraestructura existente de futuros ataques. Sin embargo, como señalan acertadamente los expertos, para redes descentralizadas como Bitcoin, el problema es mucho más complejo: no se pueden actualizar con una sola orden gubernamental.

Mi comentario: La política actual de EE. UU. recuerda al intento de construir simultáneamente un motor, un automóvil y una carretera. Es costoso, pero quizás justificado. El principal riesgo es que los mecanismos burocráticos de distribución de fondos resulten más lentos que el desarrollo de la propia tecnología. Los warrants y las participaciones minoritarias son un compromiso razonable, pero solo si el gobierno no comienza a interferir en las decisiones operativas de las empresas. De lo contrario, corremos el riesgo de obtener no un avance innovador, sino un costoso "sistema cuántico soviético".