Inversiones cuánticas de EE. UU.: los expertos exigen reglas de juego claras

La computación cuántica se está convirtiendo en un campo crítico para la política industrial estatal de EE. UU., sin embargo, las inyecciones masivas de fondos presupuestarios en empresas tecnológicas requieren regulaciones transparentes y estrictas. Este tema se debate activamente en la comunidad profesional, y comparto plenamente la opinión de que, sin reglas claras, los riesgos superarán los posibles beneficios.
A diferencia de los drones, las baterías o los metales de tierras raras, donde el estado puede estimular el mercado a través de compras gubernamentales y regulación, el sector cuántico es único. Aquí prácticamente no hay productos comerciales, la arquitectura dominante no está definida y las cadenas de producción apenas se están formando. Es precisamente la intervención temprana de las autoridades, antes de que se consoliden las dependencias tecnológicas, la que puede justificarse desde el punto de vista de la seguridad nacional.
Relación con la criptografía y amenazas
Las computadoras cuánticas escalables, en el futuro, podrían descifrar la criptografía de clave pública, lo que amenaza directamente la seguridad de las blockchains y los activos digitales. Los desarrollos relacionados en sensores, navegación y comunicaciones también tienen un doble uso. Por lo tanto, el sector es un caso raro donde la inversión estatal directa puede estar justificada, pero esto no debería convertirse en un modelo universal de apoyo.
Programa del Departamento de Comercio de EE. UU.: $2 mil millones para fábricas cuánticas
El 21 de mayo, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció la firma de nueve cartas de intención por un total de $2,013 mil millones en el marco de la Ley CHIPS and Science Act. Los fondos se destinan a dos fábricas cuánticas y siete empresas que desarrollan computación cuántica.
Receptores clave:
- IBM — $1 mil millones para crear una filial dedicada a la producción de obleas superconductoras de clase cuántica.
- GlobalFoundries — $375 millones para una fábrica cuántica segura.
- Atom Computing, D-Wave, Infleqtion, PsiQuantum, Quantinuum — $100 millones cada una.
- Rigetti — hasta $100 millones.
- Diraq — hasta $38 millones.
La condición del apoyo es una participación minoritaria no controladora del estado. Precisamente este punto provocó la negativa de Google a participar: la corporación consideró que los requisitos ralentizan el camino hacia la creación de una computadora cuántica útil.
Tres principios para la inversión estatal
Los analistas proponen tres principios clave para la inversión directa del estado en empresas tecnológicas:
- Intervenir solo cuando exista una necesidad evidente para la seguridad nacional o una vulnerabilidad económica grave que el mercado no pueda resolver por sí mismo.
- No invertir dinero donde se pueda comprar un producto terminado. En el sector cuántico, este enfoque aún no funciona, ya que los productos necesarios aún no existen.
- El apoyo debe mantener una distancia entre el estado y las empresas. Los contribuyentes deben beneficiarse del crecimiento de las empresas, pero la propiedad directa de acciones crea riesgos políticos.
Como herramienta se proponen los warrants: otorgan al estado el derecho a participar en el aumento del valor sin un control total.
Anteriormente, el presidente de EE. UU., Donald Trump, firmó un decreto para la transición acelerada de los sistemas federales a la criptografía postcuántica. Sin embargo, para Bitcoin el problema es más complejo: una red descentralizada no puede actualizarse mediante una orden gubernamental.
Mi conclusión: Las tecnologías cuánticas no son solo otra moda pasajera, sino un desafío fundamental para toda la industria cripto. La inversión estatal es necesaria, pero sin reglas claras y una división de riesgos, corremos el riesgo de obtener no innovaciones, sino proyectos politizados con baja eficiencia. El mercado no necesita subsidios, sino condiciones predecibles para su desarrollo.