El Rubicón cuántico: Por qué EE. UU. necesita urgentemente reglas para las inversiones en tecnologías del futuro

La computación cuántica no es solo una tendencia tecnológica más, sino un hito estratégico donde lo que está en juego se mide en seguridad nacional y dominio económico global. A diferencia de los mercados de drones o baterías, donde el Estado puede actuar mediante compras y regulación, el ámbito cuántico es único: prácticamente no existen productos comerciales, la arquitectura dominante no está definida y las cadenas de producción apenas están surgiendo. Por eso, la intervención directa del gobierno aquí está justificada, pero requiere reglas estrictas y transparentes para no convertir la innovación en una trampa burocrática.
Miles de millones en juego: quién recibió financiación
En mayo, el Departamento de Comercio de EE. UU. anunció la asignación de $2,013 mil millones para proyectos cuánticos en el marco de la ley CHIPS and Science Act. Los fondos se destinarán a la creación de dos fábricas cuánticas y al apoyo de siete empresas. Los principales beneficiarios:
- IBM — $1 mil millones para una filial dedicada a la producción de obleas superconductoras;
- GlobalFoundries — $375 millones para una fábrica cuántica segura;
- Atom Computing, D-Wave, Infleqtion, PsiQuantum, Quantinuum — $100 millones cada una;
- Rigetti — hasta $100 millones;
- Diraq — hasta $38 millones.
La condición para el apoyo fue que el Estado obtuviera una participación minoritaria no controladora. Este punto provocó la negativa de Google a participar: la corporación consideró que los requisitos ralentizan el camino hacia la creación de una computadora cuántica útil.
Tres principios de intervención razonable
Los analistas proponen un marco claro para la inversión estatal en tecnología, que podría convertirse en un estándar para toda la política industrial:
- Intervenir solo cuando haya una amenaza a la seguridad nacional o una vulnerabilidad económica crítica que el mercado no pueda resolver por sí mismo.
- No invertir en lo que se pueda comprar. Para la computación cuántica, esto aún no es relevante: los productos necesarios no existen en forma industrial.
- Mantener distancia entre el Estado y las empresas. Los contribuyentes deben beneficiarse del crecimiento de las empresas, pero la propiedad directa de acciones crea riesgos políticos y distorsiona los incentivos del mercado.
Los warrants podrían ser el instrumento para ello: otorgan al Estado el derecho a participar en el aumento de valor sin control sobre la gestión.
Seguridad cuántica y bitcoin
Las computadoras cuánticas escalables amenazan a largo plazo la criptografía de clave pública, lo que pone en riesgo toda la infraestructura de blockchain. El decreto presidencial sobre la transición acelerada de los sistemas federales a la criptografía postcuántica es un paso correcto, pero para redes descentralizadas como bitcoin el problema es más complejo: no se pueden actualizar con una simple orden. Paralelamente, el Pentágono lanzó el programa Farseer para el desarrollo de sensores cuánticos con un presupuesto de hasta $200 millones.
Mi opinión experta: La carrera cuántica no es una competencia de velocidad, sino una maratón de supervivencia. EE. UU. hace bien al sentar las bases ahora, pero el riesgo clave no es la falta de financiación, sino el control excesivo. Si el Estado regula el proceso con demasiada rigidez, corremos el riesgo de obtener no un avance cuántico, sino un costoso experimento burocrático.