El startup cuántico de Shanghái Taiyi Quantum ha recaudado $44 millones para una arquitectura revolucionaria.
La startup de Shanghái Taiyi Quantum, especializada en el desarrollo de sistemas de computación cuántica, ha cerrado con éxito una ronda de financiación pre-semilla por valor de 300 millones de yuanes, equivalentes a aproximadamente 44 millones de dólares. Los inversores principales fueron los prestigiosos fondos de capital de riesgo Gaorong Venture Capital e IDG Capital.
Al frente de la compañía se encuentra Liu Hongbin, un ingeniero experimentado que anteriormente ocupó el cargo de arquitecto del servicio de computación cuántica en la nube Azure Quantum en Microsoft. Bajo su liderazgo, Taiyi Quantum se centra en la creación de un ordenador cuántico basado en átomos neutros de iterbio. La característica clave de esta tecnología es el uso de átomos individuales como cúbits, que se mantienen y controlan mediante trampas láser.
La elección del iterbio como elemento de trabajo no es casual: este elemento demuestra una alta estabilidad y un largo tiempo de coherencia, lo cual es crítico para la escalabilidad de los sistemas cuánticos. A diferencia de los cúbits superconductores más comunes, los átomos neutros permiten crear matrices de cientos y miles de cúbits con menores requisitos de refrigeración y un nivel de ruido más bajo.
Los fondos recaudados se destinarán a ampliar el equipo de desarrolladores, acelerar la creación de prototipos y preparar la fabricación de un modelo comercial completo. Según estimaciones de analistas, el mercado de la computación cuántica podría alcanzar los 65 mil millones de dólares para 2030, y China está invirtiendo activamente en este sector, buscando ocupar una posición de liderazgo.
Comentario del analista: La inversión en Taiyi Quantum es una señal de que la industria está desplazando cada vez más el enfoque de las métricas brutas de cantidad de cúbits hacia la viabilidad práctica y la estabilidad de la arquitectura. El enfoque basado en átomos neutros podría convertirse en un caballo oscuro, capaz de superar a los sistemas superconductores más ruidosos en la carrera por la supremacía cuántica.