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13.07.2026
13:30

La triple crisis de Japón: por qué el próximo shock global nacerá en Tokio y no en Washington

La economía de Japón se resquebraja por tres frentes a la vez. El Banco de Japón está llevando a cabo el endurecimiento de su política más agresivo de la historia, el yen se desploma a mínimos de varios años y la situación demográfica no deja margen de maniobra. Mientras toda la atención está puesta en la Reserva Federal, es Japón quien ha acumulado una masa crítica de problemas capaz de desencadenar un shock global en los mercados.

Mi análisis lo confirma: por el momento, Tokio es el principal candidato a convertirse en el epicentro de la próxima turbulencia financiera. La razón es la presión simultánea en tres vectores clave.

La rigidez del Banco de Japón: una retirada de liquidez sin precedentes

El Banco de Japón está mostrando una rigidez récord. Solo en el trimestre que finalizó el 30 de junio, el regulador retiró del mercado 23,5 billones de yenes (unos 146.000 millones de dólares). Esta es la mayor reducción trimestral de todo el ciclo actual. Desde el pico de 2024, el balance del banco central se ha reducido en 116,9 billones de yenes (aproximadamente 726.000 millones de dólares), lo que representa el 15,6% de todos sus activos. Ahora, cualquier activo en el balance está sujeto a reducción, incluidos los fondos cotizados en bolsa (ETF) y los fideicomisos de inversión inmobiliaria japoneses J-REIT. Ya no hay excepciones.

El resultado no se hizo esperar: el rendimiento de los bonos del gobierno japonés (JGB) a 10 años se disparó al 2,90%, un máximo desde septiembre de 1996. Los bonos a 20, 30 y 40 años alcanzaron nuevos récords en los niveles del 3,89%, 4,03% y 4,055%, respectivamente. Esto es una consecuencia directa de la reducción de liquidez en medio de las presiones inflacionarias. El índice de precios al productor (IPP) subió al 7,1% interanual frente a una previsión del 6,8%, mientras que el tipo de interés clave se mantiene en solo el 1,0%. La alta inflación empuja inevitablemente a nuevas subidas de tipos, lo que seca aún más un mercado ya de por sí agotado.

El yen bajo presión: las intervenciones no ayudan

El segundo frente es el cambiario. El par USD/JPY se ha afianzado cerca del nivel de 162, en las proximidades del mínimo de 40 años del yen. Las pequeñas intervenciones de los últimos días no han logrado sostener el tipo de cambio. Japón ya ha gastado entre 72.000 y 73.000 millones de dólares en la defensa de su moneda este año, pero sin éxito. Un yen débil conlleva graves riesgos: las empresas japonesas están quebrando debido al aumento del costo de las importaciones. Para fortalecer la moneda, el país tendría que agotar sus reservas y subir los tipos de forma más agresiva, lo que amenaza con hundir su propio mercado de valores.

Un peligro particular es el carry trade del yen, una estrategia en la que los inversores toman prestados yenes baratos a un tipo de interés cercano a cero y los invierten en activos de mayor rendimiento en el extranjero. Se estima que su volumen sigue siendo de entre 4 y 8 billones de dólares. Se trata de fondos prestados en yenes invertidos en acciones estadounidenses, deuda de mercados emergentes y criptomonedas. Ya hay un precedente: en agosto de 2024, una sola subida de tipos de 0,15% provocó el desmantelamiento del carry trade, hundiendo el índice Nikkei un 12,4% en una sola sesión, el peor día desde 1987.

La trampa demográfica: los contribuyentes no nacen

El tercer problema, y el más complejo, es la demografía. En 2025, nacieron en Japón 671.236 personas, la cifra más baja desde que comenzaron los registros en 1899. La tasa de fertilidad cayó a 1,14, muy por debajo del umbral de reemplazo de 2,1. Por segundo año consecutivo, las muertes superan a los nacimientos en 900.000. La población se ha reducido de 128 millones a aproximadamente 123 millones. Casi el 29% de los habitantes del país tienen ahora más de 65 años. La deuda crece, pero la fuerza laboral que debe pagarla está desapareciendo.

Mi conclusión: Japón tiene la relación deuda/PIB más alta del mundo, un 204,4%. El banco central está agotando la liquidez, los rendimientos de los bonos están en máximos de varios años, la moneda se desploma y los futuros contribuyentes no están naciendo. La combinación de estos tres factores crea un polvorín que podría estallar antes de lo que muchos esperan. Los inversores deberían vigilar de cerca a Tokio: el próximo shock global, muy probablemente, comenzará aquí, y no en Estados Unidos.