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14.07.2026
00:58

Los centros de datos de Texas eluden las normas ambientales: «primero lo pequeño, luego lo grande»

Los desarrolladores de centros de datos en Texas han encontrado un vacío legal en la legislación ambiental que les permite evitar audiencias públicas y acelerar la construcción de sus propias centrales eléctricas. En lugar de obtener un permiso único para una gran instalación, que requiere una evaluación de impacto ambiental obligatoria y notificación a los residentes, las empresas utilizan un procedimiento simplificado para autorizar turbinas y generadores individuales. Este esquema, originalmente diseñado para fuentes de emisiones pequeñas y estandarizadas, ahora se utiliza activamente para expandir instalaciones ya en construcción, lo que hace prácticamente imposible detenerlas.

Manipulación de los umbrales de emisiones

Desde 2024, al menos 38 centros de datos han obtenido permisos para su propia generación de energía precisamente mediante este procedimiento simplificado. Más de la mitad de los proyectos declararon emisiones de óxidos de nitrógeno ligeramente por debajo del umbral de 100 toneladas anuales, a partir del cual se inician los procedimientos públicos. Por ejemplo, el centro de datos Vantage, cerca de San Antonio, recibió un permiso para 99,8 toneladas al año. Exempleados de la Comisión de Calidad Ambiental de Texas (TCEQ) describen esta estrategia con la fórmula «primero pequeño, luego grande»: las empresas dividen un proyecto único en múltiples solicitudes pequeñas y luego combinan las instalaciones en una central eléctrica de escala industrial. Según Bruce Buckheit, exdirector del departamento de cumplimiento de la EPA, esta práctica podría violar el requisito de considerar las partes interconectadas de un proyecto en su conjunto.

Proyecto Stargate: gas para los gigantes de la IA

El ejemplo central de este esquema es el centro de datos Stargate en Abilene, parte de la iniciativa de infraestructura de OpenAI, SoftBank y Oracle con una inversión declarada de hasta 500 mil millones de dólares. En 2024, los desarrolladores obtuvieron permisos simplificados para 10 turbinas de gas y 62 generadores diésel de respaldo que, según los documentos, pueden emitir más de 1,6 millones de toneladas de gases de efecto invernadero y alrededor de 1000 toneladas de otros contaminantes al año. Un representante del desarrollador Crusoe afirma que las turbinas se utilizarán solo para energía de respaldo; sin embargo, los permisos vigentes permiten su operación continua. Ya un año después, se presentó una solicitud para un permiso principal para 41 turbinas adicionales y 18 generadores. De concretarse, la capacidad de la central eléctrica superaría la de 1 millón de hogares, y la contaminación anual sería comparable a las emisiones de casi 2 millones de automóviles.

Magnitud y riesgos para el sistema energético

En Texas ya operan alrededor de 300 centros de datos, y otros 200 están en desarrollo. Según Global Energy Monitor, en el estado se han anunciado 80,6 GW de nuevas centrales eléctricas de gas, de las cuales casi la mitad (aproximadamente 40 GW) están destinadas al suministro directo de energía a centros de datos. Esto sitúa a Texas en el segundo lugar mundial en capacidad de gas, solo por detrás de China. Los analistas de Cleanview identificaron en EE. UU. 59 centros de datos con planes de construir sus propias centrales eléctricas con una capacidad total de aproximadamente 90 GW, aunque solo se han puesto en funcionamiento alrededor de 2 GW. Una investigación de nueve plantas de gas vinculadas a centros de datos mostró que sus emisiones autorizadas podrían superar las 130 millones de toneladas de gases de efecto invernadero al año. El regulador TCEQ, a pesar de tener más de 1400 casos de cumplimiento sin resolver, afirma que otorga permisos solo cuando se cumplen las normas, pero no proporcionó respuestas concretas a las conclusiones de la investigación.

Comentario del experto: Esta situación es un claro ejemplo de cómo el rápido crecimiento de la infraestructura de IA supera los mecanismos regulatorios. La fragmentación de proyectos para eludir el control ambiental no es solo un vacío técnico, sino un problema sistémico que pone en duda la sostenibilidad de la política energética de EE. UU. Mientras las ganancias del auge de la IA superan los riesgos ambientales, los inversores y reguladores juegan al gato y al ratón, y las emisiones reales crecen exponencialmente.