Los criptocálculos en el comercio exterior de Rusia: la demanda debe formarse desde cero, y la principal barrera no es la tecnología
El principal freno para la implementación de pagos con criptomonedas en la actividad económica exterior de Rusia no son en absoluto las limitaciones técnicas. El problema clave es la ausencia casi total de una demanda formada. El mercado debe construirse literalmente desde cero, superando la incomprensión y la inercia tanto de las empresas rusas como de sus contrapartes extranjeras.
Por el momento, la principal limitación objetiva para el uso de activos digitales en pagos transfronterizos no recae en el lado de las empresas rusas, sino en el de la contraparte extranjera. A los proveedores extranjeros, por regla general, no les hacen falta las criptomonedas; ellos requieren dinero fiduciario. Es precisamente la situación geopolítica la que obliga a Rusia a implementar aceleradamente la digitalización, creando canales alternativos para los pagos allí donde las transferencias bancarias tradicionales se vuelven difíciles o imposibles.
Las primeras empresas en adoptar los pagos con criptomonedas son aquellas que, de una forma u otra, ya han entrado en contacto con el mundo de los activos digitales y comprenden su mecánica. Los segmentos más sencillos para la implementación son los mineros, así como los importadores que trabajan con jurisdicciones donde el nivel de adopción de criptomonedas es mayor: Oriente Medio, Kirguistán, Hong Kong, Indonesia.
En cuanto al sector corporativo masivo, la situación es mucho más compleja. Simplemente ofrecer el pago en criptomonedas no es suficiente. A una empresa común es necesario explicarle larga y detalladamente la esencia misma del instrumento, los principios de fijación de precios y cómo el nuevo método de pago se relaciona con los ya habituales. El camino desde la primera conversación hasta una transacción concreta resulta largo, y el rendimiento en las etapas iniciales es bajo.
De hecho, el mercado de pagos con criptomonedas en la actividad económica exterior de Rusia se encuentra hoy en una etapa similar al lanzamiento de cualquier instrumento financiero fundamentalmente nuevo, donde la infraestructura y la demanda se crean en paralelo y con enormes esfuerzos. No es una cuestión de disponibilidad de tecnología, sino de formación de cultura y confianza.
Mi análisis: La situación recuerda al clásico «problema del huevo y la gallina»: mientras no haya una demanda masiva por parte de los exportadores rusos, los socios extranjeros no considerarán la criptomoneda como un instrumento de pago estándar. Sin embargo, aquellas empresas que ya han comenzado este camino obtienen una ventaja competitiva colosal en velocidad y accesibilidad de los pagos. El mercado crecerá no gracias al Estado, sino gracias a los pioneros que estén dispuestos a superar la barrera educativa.