Exsecretario del Pentágono: La Ley de Claridad es una cuestión de seguridad nacional de Estados Unidos

La cuestión de la regulación del mercado de activos digitales en Estados Unidos ha trascendido con creces el ámbito de los debates financieros. Mark Esper, quien ocupó el cargo de Secretario de Defensa de EE. UU., presentó un argumento convincente de que la aprobación de la Clarity Act no es una simple formalidad legal, sino un imperativo estratégico para preservar el dominio estadounidense. En su opinión, el proyecto de ley, que define la estructura del mercado de criptoactivos, está directamente vinculado a la seguridad nacional.
El análisis muestra que en el centro de esta postura se encuentra la comprensión de la mecánica de la influencia global de Washington. Durante décadas, EE. UU. se ha apoyado no solo en su poder militar, sino también en el estatus único del dólar y el control sobre la infraestructura de pagos mundial. Son precisamente estas palancas las que garantizan la posibilidad de aplicar sanciones y supervisión. Sin embargo, la aparición de una nueva arquitectura financiera basada en blockchain y en stablecoins vinculadas al dólar podría redistribuir radicalmente el equilibrio de poder.
El desafío clave para EE. UU., como subraya Esper, proviene de China. Pekín desarrolla deliberadamente sistemas de pago estatales, buscando reducir su vulnerabilidad frente a la supervisión estadounidense y socavar la hegemonía del dólar. En este contexto, la Clarity Act debe considerarse no como una ley ordinaria sobre servicios financieros, sino como una herramienta para proteger las posiciones estratégicas del país.
Merece especial atención la tesis sobre el «vacío regulatorio». Esper, quien hoy forma parte del consejo asesor global de Coinbase, señala acertadamente que la incertidumbre no detiene el desarrollo de la industria, sino que simplemente empuja a empresas, capital y talento hacia jurisdicciones más amigables. La aprobación de la ley devolvería esta actividad bajo la jurisdicción de EE. UU., extendiendo a los exchanges, corredores y distribuidores los requisitos de la Bank Secrecy Act, incluidos los procedimientos AML/KYC.
Otro aspecto crítico es la ampliación de las facultades del Departamento del Tesoro de EE. UU. conforme a la sección 311 de la USA Patriot Act. Esto otorgaría a Washington un arsenal sancionatorio reforzado para presionar a Corea del Norte, los sindicatos criminales y otros regímenes sujetos a sanciones, lo que aumenta significativamente la eficacia de la política exterior.
Recordemos que el 6 de agosto, el Senado pospuso la votación procesal sobre la Clarity Act, trasladando su consideración a mediados de septiembre. Esto brinda tiempo para consultas adicionales, pero también crea una ventana de incertidumbre.
Mi análisis: La argumentación de Esper es oportuna y racional. El retraso en la adopción de reglas de juego claras no solo crea inconvenientes para los negocios, sino que debilita directamente la posición competitiva de EE. UU. en la carrera por el liderazgo en nuevas tecnologías financieras. La cuestión radica en si el legislador está dispuesto a reconocer la urgencia de este problema y pasar de las palabras a los hechos.