Fin de una era: Keel Infrastructure cierra por completo la minería de bitcoines en EE. UU. para dedicarse a la IA
El giro estratégico que observamos en la industria desde hace más de un año ha alcanzado su punto culminante. La empresa Keel Infrastructure, anteriormente conocida como Bitfarms, ha retirado oficialmente del servicio todas sus capacidades de minería en territorio estadounidense. Esto no es solo una reducción: es un desmantelamiento completo del antiguo modelo de negocio. Las instalaciones donde hasta hace poco zumbaban los mineros ASIC ahora se preparan para transformarse en centros de datos de alta tecnología, orientados a cargas de trabajo de IA y computación de alto rendimiento (HPC).
Informe financiero: el precio de la transformación
Las cifras del segundo trimestre demuestran claramente lo costoso que resulta esta transición. Los ingresos de Keel se redujeron a la mitad, hasta los $30,4 millones, lo que la dirección atribuye a la caída del precio promedio del bitcóin y a la paralización de la minería en la instalación de Moses Lake en Washington ya en abril. Los gastos administrativos, por su parte, se dispararon de $19 millones a $31 millones: la empresa está contratando activamente especialistas para gestionar los nuevos proyectos.
La pérdida operativa alcanzó los $141 millones, y la pérdida neta, los $65 millones, frente a un beneficio de $5,5 millones del año anterior. El EBITDA ajustado se hundió en terreno profundamente negativo, con -$24 millones. Paralelamente, Keel continúa liquidando sus reservas de bitcóin: del 1 de abril al 7 de agosto se vendieron 1085 BTC por $75 millones, dejando 1861 BTC en el balance. La liquidez total asciende a $819 millones, lo que otorga a la empresa un colchón de seguridad para maniobrar.
Apuesta por la energía
El director ejecutivo, Ben Gagnon, formula la estrategia con total claridad: «La capacidad energética es la principal limitación. Todo lo demás es derivado de ella». La empresa apuesta por el acceso a la electricidad y, según sus palabras, las tres instalaciones prioritarias están cerca de obtener el paquete completo de permisos. Keel ya dispone de capacidades no contratadas para 2027 en la zona del operador PJM, el mayor sistema energético de Estados Unidos.
Sin embargo, hay un matiz importante que me hace mirar este optimismo con cautela: en el informe no se presenta ni un solo contrato de arrendamiento firmado. Esto significa que toda la transición hacia el modelo de IA existe por ahora solo como intenciones y negociaciones, aunque con varios posibles arrendatarios para cada instalación. El mercado, al parecer, valora los riesgos de manera similar: las acciones de Keel en el Nasdaq se desplomaron más de un 12%.
En este contexto, el informe de Bitdeer contrasta notablemente, ya que logró aumentar su producción casi cinco veces, hasta 2694 BTC, e incrementar sus ingresos un 47%, hasta $228,8 millones. Pero aquí también vemos la misma tendencia: la pérdida neta se amplió hasta los $92,3 millones, y la empresa está reorientando activamente sus instalaciones, incluida la gigantesca plataforma Rockdale (563 MW), hacia la IA. Es revelador que, incluso con el crecimiento de los ingresos, las acciones de Bitdeer cayeron un 20% en la sesión.
Mi análisis: Estamos ante el dilema clásico de la transformación. Los mineros sacrifican la rentabilidad actual en busca de futuros contratos con gigantes de la IA, pero el mercado aún no cree en un rápido retorno de estas inversiones. La caída de las acciones de ambas empresas indica que los inversores exigen acuerdos firmados concretos, no promesas. Keel y Bitdeer están en una carrera por el futuro, pero el precio de ese futuro se mide ahora en pérdidas multimillonarias. La única cuestión es quién firmará primero ese contrato tan anhelado que justifique todos estos sacrificios.