Crypto news

12.08.2026
04:27

Corea del Norte ha integrado criptomonedas robadas en un ecosistema paralelo: una nueva realidad de lavado de dinero

северокорейские хакеры North Korean hackers

El análisis de las tendencias recientes muestra que los operadores norcoreanos han cambiado radicalmente su enfoque hacia la legalización de activos digitales robados. En lugar de crear una infraestructura aislada, se integran cada vez más en redes financieras criminales ya existentes, lo que complica enormemente el rastreo y bloqueo de los fondos.

Se trata de un ecosistema complejo que incluye servicios extrabursátiles (OTC), traders P2P, casas de cambio ilegales, mezcladores y puentes entre cadenas. De particular interés es el hecho de que estos canales están estrechamente entrelazados con plataformas especializadas en esquemas de estafa. Según mis estimaciones, desde enero de 2024 hasta septiembre de 2025, Corea del Norte ha robado al menos $2.8 mil millones en activos virtuales, y estos fondos alimentan directamente el programa de armamento. Es crucial entender: la etapa de conversión a dinero fiduciario sigue siendo el eslabón menos estudiado en esta cadena, aunque es el que representa la mayor amenaza.

El papel de los intermediarios criminales

Tras el movimiento inicial de fondos, los hackers norcoreanos transfieren la criptomoneda a lavadores externos. Un ejemplo claro es el hackeo del exchange Bybit por $1.5 mil millones en febrero de 2025. En el proceso de "blanqueo" participó una red extensa de traders OTC y P2P, principalmente ciudadanos chinos, que fragmentaban y movían los activos las 24 horas. Para septiembre de 2025, todos los fondos robados habían sido completamente convertidos en efectivo. Es notable que la transición de los operadores norcoreanos a intermediarios externos a menudo puede identificarse por cambios característicos en el comportamiento transaccional, lo que brinda pistas a los analistas.

La industria de estafas como refugio

Particularmente preocupante es la conexión entre el dinero norcoreano y los ingresos de fraudes tipo "sacrificio de cerdos". Durante las investigaciones se han encontrado señales de mezcla de fondos de Corea del Norte con ganancias de estos esquemas de inversión. Un papel clave aquí lo juegan los llamados mercados de garantía: plataformas clandestinas de Telegram en chino que ofrecen servicios de lavado, herramientas técnicas y mediación de depósitos en garantía. Por ejemplo, parte de los fondos tras el ataque a WazirX pasó por TRON, fue consolidada y dirigida a direcciones vinculadas con Xinbi Guarantee y la ahora inexistente Huione Guarantee. Tales transacciones permiten intercambiar criptomoneda por efectivo casi sin dejar rastro.

Fragmentación y redes P2P

El esquema también incluye la fragmentación de grandes sumas en operaciones pequeñas. Los operadores norcoreanos venden stablecoins a través de mercados P2P en lotes de aproximadamente $7,000, lo que permite evitar el monitoreo AML. También se ha registrado la fragmentación de transacciones hasta $30,000, para que una posible congelación afecte solo a una pequeña parte de los fondos. Para acelerar el proceso, se utilizan billeteras preparadas con distribución automática de activos. Los puntos finales son plataformas P2P en el sur de Asia y exchanges no regulados en América Latina.

En última instancia, después de varias etapas, los fondos norcoreanos se vuelven prácticamente indistinguibles de otra criptomoneda criminal. Esto crea un problema colosal para los exchanges: establecer la conexión con el ataque inicial después de que los fondos ingresan a la amplia red de intermediarios se vuelve casi imposible.

Mi conclusión: Corea del Norte no ha inventado un canal "secreto" nuevo, sino que utiliza magistralmente la infraestructura ajena. Esto no es solo actividad hacker, sino una operación estatal sistemática que requiere que los reguladores y los exchanges de criptomonedas adopten enfoques fundamentalmente nuevos para el monitoreo, que vayan más allá del análisis tradicional de datos on-chain. Bloquear los fondos en las etapas finales de su conversión en efectivo ya no es una tarea técnica, sino política y legal.