Una estadounidense resultó ser el eslabón clave en un esquema de robo de $5 millones en criptomonedas.
Mi trabajo analítico de seguimiento de delitos criptográficos ha revelado una nueva historia de alto perfil: la ciudadana estadounidense Tiffany Milanovich está directamente implicada en el robo de más de $5 millones a propietarios de activos digitales. El esquema se basaba en la ingeniería social clásica, pero con un inesperado «rostro humano».
Milanovich actuaba como «operadora de llamadas»: llamaba a las víctimas, se hacía pasar por personal de soporte técnico de servicios criptográficos y las convencía de que le transfirieran el control de sus fondos. Tras vaciar las cuentas con éxito, grababa videos burlándose de los afectados; esa bravuconería acabó convirtiéndose en una de las pruebas.
Mecánica del ataque y magnitud de las pérdidas
El grupo criminal en el que operaba Milanovich imitaba el trabajo del soporte técnico real de monederos hardware y exchanges centralizados. La infraestructura para los sitios de phishing la proporcionaban cómplices bajo los seudónimos «bled» y «harm». En junio de 2026, una de las víctimas perdió $1,2 millones en bitcoins y Ethereum almacenados en un monedero Trezor. El ataque comenzaba con un correo falso en nombre de BitcoinIRA, firmado por una tal Patricia Massi.
Cabe destacar que una parte significativa de los fondos robados aún no ha sido retirada: los activos permanecen en monederos on-chain, lo que ofrece una oportunidad para su recuperación. En octubre de 2025, el grupo llevó a cabo una operación similar, despojando a otro inversor de $500 000 en BTC de su cuenta en Coinbase. Milanovich entonces se quejaba de su «pequeña parte» e incluso publicaba capturas de pantalla de las transacciones, intentando embellecer su botín.
Rastros de lujo y vínculos con otros casos
Según mis datos, Milanovich no ocultaba su estilo de vida: en las redes sociales presumía de compras de artículos de lujo y apuestas en casinos realizadas con el dinero de las víctimas. Algunos videos «presumidos» estaban editados para que las cantidades robadas parecieran aún mayores de lo real.
También he establecido un vínculo entre Milanovich y John «Lick» Dagita, quien previamente fue sospechoso de robar criptomonedas incautadas por las autoridades estadounidenses. En marzo, Dagita fue detenido en San Martín.
Una tendencia que requiere atención
No es un caso aislado: el FBI registró más de 80 000 denuncias por suplantación de identidad de personal de soporte técnico y organismos gubernamentales solo en 2025, con pérdidas superiores a $2,9 mil millones. Según Chainalysis, el número de estos esquemas en el sector criptográfico aumentó casi un 1400% en un año.
Mi conclusión: esta historia es un claro ejemplo de cómo el factor humano sigue siendo el eslabón más débil en la seguridad de los activos digitales. Las medidas técnicas de protección son inútiles cuando el propio usuario entrega las claves bajo la presión de una historia convincente. Los inversores deberían adoptar la regla de los «dos canales»: nunca confirmar operaciones por teléfono, sino solo a través de aplicaciones oficiales y canales de comunicación verificados. De lo contrario, la próxima víctima podría ser usted.