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14.08.2026
09:25

EE. UU. incorpora al sector privado en operaciones cibernéticas ofensivas: una nueva era de guerra híbrida contra el cibercrimen

USA США

La administración de Estados Unidos ha dado un paso radical en la lucha contra el cibercrimen transnacional. El 12 de agosto, el presidente Donald Trump firmó un memorando que legaliza la participación de empresas privadas certificadas en operaciones cibernéticas ofensivas contra grupos criminales extranjeros. Esto no es solo una ampliación de facultades, sino una transformación fundamental del modelo de interacción entre el Estado y las empresas en la guerra digital.

El nuevo programa se centra en combatir a los grupos especializados en programas de rescate (ransomware), fraudes financieros y otras actividades ilícitas en la red. Los contratistas tendrán derecho no solo a recopilar inteligencia sobre la infraestructura de los atacantes, sino también a llevar a cabo un «impacto destructivo», que puede incluir el bloqueo, la interrupción del funcionamiento o la destrucción total de servidores y datos.

Mecánica del programa y control

La gestión operativa recae en el Centro Nacional de Coordinación del Departamento de Seguridad Nacional, y la supervisión la ejerce el Departamento de Justicia. El principio clave es que las empresas actúan exclusivamente «bajo la dirección, control y autoridad del gobierno de Estados Unidos». La selección independiente de objetivos está terminantemente prohibida.

Para participar se requiere una estricta certificación: competencia técnica, experiencia demostrada y protección de la propia infraestructura. La barrera financiera también es alta: es necesario depositar una fianza o colocar en una cuenta de depósito en garantía al menos 1 millón de dólares, que pueden ser confiscados en caso de incumplimiento de las condiciones. Los objetivos están estrictamente limitados: solo estructuras criminales extranjeras que no formen parte del gobierno de otro Estado.

De la inteligencia a la acción

La preparación de este paso se venía gestando desde la primavera. El decreto del 6 de marzo ordenó elaborar un plan para contrarrestar los centros de estafa extranjeros, previendo expresamente la creación de una célula operativa y la participación del sector privado. Ahora este plan adquiere forma concreta: los contratistas privados se convierten en participantes plenos de acciones ofensivas autorizadas por el Estado.

Cabe señalar que la colaboración con el sector tecnológico no es nueva. En mayo, el grupo operativo Scam Center Strike Force llevó a cabo la primera «Semana de Disrupción» a gran escala con la participación de Apple, Coinbase, Google, Meta, Microsoft, SpaceX y TRM Labs. En esa ocasión, las empresas, al recibir datos sobre redes fraudulentas del Sudeste Asiático, bloquearon de forma autónoma cuentas e infraestructura dentro de sus plataformas. Los resultados son impresionantes: más de 1,4 millones de cuentas bloqueadas, más de 3,8 millones de dólares en criptomonedas congelados y siete sospechosos detenidos en Tailandia.

Sin embargo, el nuevo memorando eleva esta colaboración a un nivel fundamentalmente distinto. Las empresas privadas obtienen el derecho a realizar acciones ofensivas directas, lo que inevitablemente genera riesgos graves: posible agresión de represalia por parte de los hackers, daños colaterales a inocentes y dificultades de coordinación entre agencias.

Mi análisis: Este es un precedente histórico que podría cambiar las reglas del juego en la ciberseguridad global. Por un lado, atraer los recursos y la experiencia del sector privado es un paso lógico contra los sindicatos criminales bien financiados, que causan daños por valor de 114.000 millones de dólares solo en la región de Asia-Pacífico. Por otro lado, difuminar la línea entre el monopolio estatal de la violencia y los intereses corporativos crea un precedente peligroso. La cuestión no es si las empresas podrán actuar con eficacia, sino quién asumirá la responsabilidad por los errores inevitables y los daños colaterales en el ciberespacio.