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14.08.2026
12:50

EE. UU. incorpora al sector privado a la ciberguerra: una nueva era en la lucha contra el delito digital

USA США

El 12 de agosto, el presidente de Estados Unidos firmó un memorando que cambia radicalmente las reglas del juego en el ámbito de la ciberseguridad. El documento autoriza la participación de empresas privadas certificadas en operaciones cibernéticas ofensivas contra sindicatos criminales extranjeros. Esto no es solo una ampliación de facultades: es una transición de la defensa pasiva a la acción activa, donde el sector privado se convierte en una herramienta plena de la política estatal.

El nuevo programa se centra en grupos transnacionales dedicados a programas de rescate (ransomware), fraudes financieros y otros delitos digitales. A los contratistas privados se les permite no solo recopilar inteligencia sobre su infraestructura, sino también realizar ataques quirúrgicos, hasta el bloqueo, la desestabilización o la destrucción total del equipo y los datos de los delincuentes.

Mecánica y control

La gestión operativa recae en el Centro Nacional de Coordinación del Departamento de Seguridad Nacional, y la supervisión está a cargo del Departamento de Justicia. El principio clave es que las empresas actúan exclusivamente «bajo la dirección, el control y la autoridad del gobierno de Estados Unidos». La selección independiente de objetivos está estrictamente prohibida.

La participación en el programa requiere una certificación rigurosa: competencia técnica, experiencia comprobada y protección de la propia infraestructura. La barrera financiera también es considerable: una fianza o cuenta de depósito en garantía de al menos $1 millón, que puede ser confiscada en caso de incumplimiento de las condiciones. Los objetivos están estrictamente limitados: solo estructuras criminales extranjeras que no formen parte del gobierno de otro estado.

Es interesante que la preparación para este paso llevaba tiempo en marcha. Ya en marzo, mediante un decreto presidencial, se ordenó crear una célula operativa e involucrar al sector privado en la lucha contra el fraude en línea. El memorando actual solo formaliza estas intenciones, convirtiéndolas en un programa completo con derecho a acciones ofensivas.

Primera experiencia: Apple, Coinbase y Google en acción

La colaboración con los gigantes tecnológicos ya está dando frutos. En mayo, el grupo operativo Scam Center Strike Force llevó a cabo una Semana de Disrupción a gran escala con la participación de Apple, Coinbase, Google, Meta, Microsoft, SpaceX y TRM Labs. Las autoridades entregaron a los socios datos sobre redes fraudulentas en el Sudeste Asiático, y las empresas identificaron de forma autónoma cuentas e infraestructura de los infractores.

Los resultados son impresionantes: más de 1,4 millones de cuentas bloqueadas, servidores y alojamientos desconectados, así como la congelación de más de $3,8 millones en criptomonedas utilizadas para el lavado de dinero. En Tailandia, como resultado del trabajo conjunto, se detuvo a siete sospechosos.

Sin embargo, esta práctica conlleva riesgos justificados. Entre las principales preocupaciones se encuentran la agresión de represalia por parte de los delincuentes, el daño colateral a inocentes y las dificultades de coordinación entre agencias. Recuerdo que, según estimaciones de la ONU, el daño por operaciones de estafa en la región de Asia-Pacífico en 2025 alcanzó los $114,1 mil millones: la magnitud de la amenaza es evidente.

Mi análisis: Este paso es una evolución lógica de la asociación público-privada, pero abre la caja de Pandora. Las cuestiones de jurisdicción, responsabilidad y escalada siguen abiertas. A largo plazo, necesitaremos un marco legal internacional claro; de lo contrario, corremos el riesgo de obtener un «Lejano Oeste» digital donde los límites entre acciones legítimas y ciberguerra queden definitivamente difuminados.