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15.08.2026
22:00

Los blockchains cerrados de Wall Street son una "carrera hacia el fondo": el director de Etherealize explica por qué la privacidad debe vivir sobre una base pública

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En los últimos meses, Wall Street se ha vuelto a entusiasmar con la creación de consorcios blockchain cerrados. Sin embargo, en mi profunda convicción, esta tendencia lleva a la industria a un callejón sin salida. Vivek Raman, cofundador y CEO de la empresa Etherealize, que posiciona a Ethereum como la capa base para las finanzas institucionales, ha calificado abiertamente esta tendencia como una «carrera hacia el fondo».

El problema que veo junto con Raman es que las redes cerradas con acceso limitado fragmentan la liquidez en pools aislados. En lugar de unificar el mercado, nos devuelven a esos mismos sistemas dispersos que la tecnología blockchain estaba destinada a eliminar. Las ventajas clave — la compatibilidad y la concentración de liquidez — se anulan por completo cuando los circuitos no interactúan entre sí.

La privacidad como superestructura, no como fundamento

Mi posición, que comparte también el director de Etherealize, es que la privacidad y el control de acceso no deben ser propiedades de la propia capa base. Es más lógico implementarlas a nivel de aplicaciones o soluciones L2, sobre una infraestructura abierta. Raman ofrece una analogía elegante: en este esquema, Ethereum es el HTTP, el protocolo global de comunicación, y los niveles privados son el HTTPS, que añade cifrado y seguridad sin romper la red subyacente.

La nueva ola de proyectos «cerrados», como Canton Network de Digital Asset, Arc de Circle o Tempo de Stripe, es en esencia «cadenas de consorcio 2.0». Ya pasamos por esto en 2016 con las iniciativas de R3 y Hyperledger, que nunca lograron una adopción masiva. La historia se repite y, me temo, con el mismo resultado.

«Estamos firmemente convencidos y siempre hemos mantenido esta posición: se necesita una infraestructura global, abierta y sin permisos como capa base», subraya Raman. Y esto no es solo idealismo. Ya en junio observamos cómo las organizaciones financieras tradicionales comenzaron a implementar soluciones basadas en Ethereum en procesos empresariales reales, lo que confirma el valor práctico de los sistemas abiertos.

Mi veredicto: los blockchains cerrados son un intento de encajar una tecnología revolucionaria en viejos marcos corporativos. Pueden dar una ilusión de control, pero privan de lo esencial: el efecto de red y la liquidez global. Los actores institucionales con visión estratégica ya han comprendido que el futuro está en los modelos híbridos, donde la privacidad es una configuración, no una arquitectura. Los inversores deberían ser cautelosos: las inversiones en consorcios «aislados» podrían traducirse en oportunidades perdidas en medio del crecimiento de los ecosistemas abiertos.