Galaxy Digital ha reducido drásticamente las probabilidades de aprobación de la CLARITY Act: los analistas ven solo un 10% de probabilidad.

En mi último análisis de las iniciativas legislativas en el ámbito de los activos digitales, señalé un deterioro significativo en las perspectivas de la Ley CLARITY en el Senado estadounidense. Según mis evaluaciones, basadas en la dinámica política actual, la probabilidad de aprobación de este proyecto de ley en 2026 ahora es de solo el 10%, una disminución notable en comparación con los pronósticos más optimistas que se escucharon a principios de este año.
Los factores clave que socavan el avance de la iniciativa siguen siendo los desacuerdos políticos no resueltos. En primer lugar, se trata de las normas éticas para los funcionarios públicos, un punto que genera acalorados debates entre las facciones. Además, las disposiciones relativas a la rentabilidad de las stablecoins se han convertido en un grave obstáculo: los reguladores y los legisladores no logran alcanzar un consenso sobre si los emisores deben compartir los ingresos por intereses con los tenedores de tokens.
La ventana temporal para la aprobación del proyecto de ley se está estrechando de manera crítica. Tras el regreso de los senadores de sus vacaciones el 14 de septiembre, solo les quedarán dos o tres semanas antes del inicio de la carrera electoral previa a las elecciones de mitad de mandato. Durante este período, las prioridades de los legisladores inevitablemente se desplazarán hacia las campañas políticas, lo que hace poco probable la realización de audiencias y votaciones completas sobre los complejos temas técnicos de la regulación de criptomonedas.
Desde mi punto de vista profesional, esta situación refleja una tendencia más amplia: la legislación sobre criptomonedas en Estados Unidos se está convirtiendo en rehén del calendario político. Incluso iniciativas técnicamente bien elaboradas, como la Ley CLARITY, corren el riesgo de posponerse indefinidamente. Los participantes del mercado deben prepararse para que la claridad regulatoria a nivel federal pueda lograrse no antes de 2027, y esto crea riesgos adicionales para los inversores institucionales, que necesitan un entorno legal predecible para la planificación a largo plazo.