Los blockchains cerrados de Wall Street son una "carrera hacia el fondo": opinión del director de Etherealize

En los últimos meses, Wall Street está demostrando una tendencia peligrosa: en lugar de utilizar infraestructura abierta, las grandes instituciones financieras recurren cada vez más a redes blockchain cerradas con acceso restringido. A este fenómeno no lo llamo de otra manera que «carrera hacia el fondo», y no estoy solo en esta evaluación.
Fragmentación en lugar de integración
Las redes de consorcio que se promueven activamente ahora fragmentan la liquidez y nos devuelven a sistemas aislados, de los cuales la tecnología de registro distribuido debía alejarse. Los circuitos cerrados no interactúan entre sí, lo que socava dos ventajas clave del blockchain: la compatibilidad de sistemas y la concentración de liquidez. En lugar de un espacio financiero unificado, obtenemos un conjunto de «reservas digitales» dispersas.
La privacidad y las restricciones de acceso tienen más sentido construirlas sobre la infraestructura pública, a nivel de aplicaciones o soluciones L2, en lugar de crear redes cerradas separadas. La comparación aquí es simple: Ethereum actúa como HTTP, y las capas adicionales con acceso restringido y privacidad, como HTTPS. A nadie se le ocurre reemplazar el protocolo base de internet para cifrar datos.
Las lecciones del pasado no se han aprendido
La última ola de soluciones «cerradas» —Canton Network de Digital Asset, el proyecto Arc de Circle y Tempo de Stripe— son esencialmente «cadenas de consorcio 2.0». Ya pasamos por esto en 2016 con la iniciativa interbancaria R3 y el ecosistema corporativo Hyperledger. Ambos proyectos nunca recibieron un desarrollo serio, y ahora la historia se repite con más fuerza.
«Estamos firmemente convencidos y siempre hemos mantenido esta posición: se necesita una infraestructura global, abierta y sin permisos como capa base», subrayo. Y esto no es solo una postura ideológica, es una visión pragmática de cómo debería funcionar el sistema financiero del futuro.
Es revelador que ya en junio las organizaciones financieras tradicionales comenzaron a implementar soluciones basadas en Ethereum en procesos comerciales reales. Esto confirma que la infraestructura abierta puede satisfacer incluso los requisitos institucionales más estrictos, sin necesidad de crear mundos cerrados paralelos.
Mi conclusión: los blockchains cerrados son una rama sin salida en la evolución que solo retrasará la transición inevitable de la industria financiera hacia estándares abiertos. La cuestión no es si ocurrirá esta transición, sino cuántos recursos se desperdiciarán en el camino hacia ella.